
En el mundo del cine de bajo presupuesto, existe una regla no escrita: si no tienes dinero para efectos especiales, gástatelo en un ilustrador con mucha imaginación. Asimismo, si entras en una plataforma como Pluto TV o navegar por los catálogos donde están las películas de serie B terminas por enfrentarte a una galería de arte que te engañará. Posters con un diseño espectacular que prometen películas épicas y que terminan ofreciendo historias visuales no aptas para todo el mundo.
Desde Cutreflix queremos rendir homenaje a esos carteles que son unas auténticas obras de arte y que, de haber tenido una película con un presupuesto de Hollywood, habrían ganado diez premios Oscar.
La leyenda de Mark Polonia en el cine de serie Z
No se puede hablar de marketing engañoso sin mencionar al gran Mark Polonia. Sus carteles son, posiblemente, lo mejor que le ha pasado al cine de serie B en la última década. El ejemplo más sangrante y maravilloso es Cocaine Shark. El póster nos muestra a un tiburón hiperrealista, con una mirada furiosa y una atmósfera de thriller de acción.

Sin embargo, al pulsar el play, la realidad nos golpea con la fuerza de un presupuesto de cincuenta euros. El tiburón del cartel desaparece para dar paso a una criatura que parece un juguete de baño grabado con un filtro del Movie Maker. Lo mismo ocurre con Sharkula. El póster es una delicia gótica que mezcla el mito de Drácula con un escualo sediento de sangre. La película, por su parte, es un festival de pantallas verdes donde los actores parecen estar intentando no reírse mientras sostienen cartulinas y el tiburón parece ser un diminuto murciélago de marioneta. Polonia sabe que el póster vende, y el resto es simplemente una excusa para que la imagen del cartel exista.


Japón y su cine de serie B
El cine bizarro japonés es un mundo aparte, eso sí, son expertos en el arte de los carteles. En Japón se juega mucho con la estética extrema y los conceptos imposibles que lucen increíbles en papel. Películas como Zombie Ass: Toilet of the Dead o Executive Koala tienen carteles que son explosiones de color y creatividad. Prometen una locura visual sin precedentes, monstruos mecánicos y una acción frenética.


El problema es que muchas de estas producciones se graban con cámaras digitales domésticas y los monstruos son, literalmente, personas disfrazadas con trajes que no han pasado por un control de calidad. El póster de una película japonesa de serie B suele ser una composición épica digna de un museo de arte moderno, mientras que la película es un grupo de gente corriendo por un bosque con tripas de plástico y sangre que parece mermelada de fresa, esto último hacemos referencia a «Zombie Ass«.
¿Por qué caemos siempre en la trampa?
La respuesta es sencilla: sabemos lo que nos vamos a encontrar y nos gusta. El cine cutre vive de espectadores que desean desconectar de un duro día de trabajo y no quieren lidiar con ninguna película pesada. Cuando vemos un cartel de una película donde un cocodrilo gigante está derribando un avión, sabemos que nos encontraremos un cocodrilo creado con una máquina de CGI comprada en el bazar del barrio del director. Y nos gusta.
Desde Cutreflix os animamos a que disfrutéis de esta clase de películas que, muy probablemente, la encontraréis en plataformas como Pluto TV o Runtime. Tenéis que darle una oportunidad a la tontería extrema, ya que os servirá para descansar la mente y encontraros con historias diferentes a las que Hollywood te suele mostrar.
El género de serie B demuestra de que la imaginación no tiene límites y por pequeño que sea el presupuesto, puedes lograr hacer cualquier aventura, por loca que sea.

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